viernes, 28 de octubre de 2011

Una invitación a la nueva generación


Ahora solicito la atención de las mujeres y los hombres jóvenes y los niños de la nueva generación mientras recalco la importancia actual del espíritu de Elías en nuestra vida. Mi mensaje va dirigido a toda la Iglesia en general, pero a ustedes en particular.
Muchos de ustedes tal vez piensen que la obra de historia familiar la lleva a cabo principalmente la gente mayor. Sin embargo, no tengo conocimiento de que en las Escrituras o en las pautas que emiten los líderes de la Iglesia haya alguna restricción en cuanto a la edad que limite este importante servicio a los adultos mayores. Ustedes son hijos e hijas de Dios, hijos del convenio y edificadores del reino. No tienen que esperar hasta tener una edad determinada para cumplir con su responsabilidad de colaborar en la obra de salvación a favor de la familia humana.
Hoy en día, el Señor ha puesto a nuestra disposición extraordinarios recursos que les permiten aprender y amar obra a la que infunde vigor el espíritu de Elías. Por ejemplo, FamilySearch es una colección de registros, recursos y servicios que se pueden acceder fácilmente con computadoras personales y diversos dispositivos de mano, diseñados para ayudar a la gente a descubrir y documentar su historia familiar. Esos recursos también están disponibles en los centros de historia familiar ubicados en muchos edificios de la Iglesia por todo el mundo.
No es una coincidencia que FamilySearch y otros recursos hayan salido a la luz en una época en la que los jóvenes estén tan familiarizados con una gran variedad de tecnologías de la información y la comunicación. Ustedes tienen los dedos amaestrados para textear y twitear para acelerar y adelantar la obra del Señor, y no sólo para comunicarse rápidamente con sus amigos. Las destrezas y la aptitud que se manifiestan entre muchos jóvenes actualmente son una preparación para contribuir a la obra de salvación.
Invito a las jóvenes de la Iglesia a aprender sobre el espíritu de Elías y a experimentarlo. Los aliento para que estudien, para que busquen a sus antepasados y se preparen para efectuar bautismos vicarios en la casa del Señor por sus propios familiares fallecidos (véase D. y C. 124:28–36). Y los exhorto a ayudar a otras personas a buscar sus datos de historia familiar.

David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

viernes, 24 de junio de 2011

El Santo Templo: Un faro para el mundo.

Mis hermanos y hermanas, los templos son más que piedra y cemento; están llenos de fe y de ayuno. Se construyen con pruebas y testimonios. Se santifican mediante el sacrificio y el servicio.

Cierto grado de sacrificio siempre ha estado asociado con la construcción de templos y con la asistencia al templo. Incontables son los que han trabajado y luchado a fin de obtener para ellos mismos y para sus familias las bendiciones que se encuentran en los templos de Dios.

Si han ido al templo para ustedes mismos y viven relativamente cerca de un templo, su sacrificio podría ser apartar un tiempo de sus ocupadas vidas para ir al templo con regularidad. Hay mucho por hacer en nuestros templos a favor de aquellos que esperan detrás del velo. Al hacer la obra por ellos, sabremos que habremos logrado lo que no pueden hacer por sí mismos. El Presidente de la Iglesia, Joseph F. Smith, en una poderosa declaración dijo: “Mediante nuestros esfuerzos en bien de ellos, las cadenas del cautiverio caerán de sus manos y se disiparán las tinieblas que los rodean, a fin de que brille sobre ellos la luz y en el mundo de los espíritus sepan acerca de la obra que sus hijos han hecho aquí por ellos, y se regocijen con ustedes por el cumplimiento de estos deberes” . Mis hermanos y hermanas, nuestra es la responsabilidad de hacer la obra.

Si todavía no han ido al templo, o si sí han ido pero actualmente no son dignos de tener una recomendación, no existe meta más importante para ustedes que la de esforzarse por ser dignos de ir al templo. El sacrificio de ustedes quizás sea poner su vida en orden con lo que se requiera para recibir una recomendación, tal vez al dejar hábitos de mucho tiempo que los descalifican; quizás sea tener la fe y disciplina para pagar los diezmos. Sea lo que sea, háganse merecedores de entrar en el templo de Dios. Obtengan la recomendación para el templo y luego considérenla una posesión preciada, porque lo es.

Por el presidente Thomas S. Monson
Liahona Mayo de 2011 - Pág. 90

lunes, 11 de abril de 2011

El valor de las almas es grande

“La persona que es diligente en hacer la obra de su historia familiar concuerda con la descripción de alguien que cumple con su deber… Yo sé que nuestro Padre Celestial está al tanto del esfuerzo que hacemos y sé también que las personas por las que efectuamos las sagradas ordenanzas también lo saben”. (Thomas S. Monson, “La llave de la fe”, Liahona, mayo de 1994, pág. 6).

El presidente Monson agrega: “Mis hermanos y hermanas, no se cansen de hacer el bien. Si piensan que sus contribuciones son pocas e insignificantes, recuerden que el valor de las almas es precioso ante la vista de Dios. Nuestra oportunidad es preparar el camino y llevar a cabo la obra de las ordenanzas luego de una fiel investigación, para que de esa forma las almas puedan prepararse para la gloria, la cual es su oportunidad divina. ¿Podemos entonces asombrarnos de que la persona que haya recibido un testimonio de esta obra, sienta el deseo de colaborar todo lo que pueda para su progreso? ¿Podemos asombrarnos de que los obstáculos se disipen como la bruma al salir el sol de la mañana, cuando alguien haya efectuado la obra, experimentando la prueba de la fe y se haya calificado para recibir las bendiciones que anhelaba?". (7)

domingo, 13 de febrero de 2011

Pensamientos Inspiradores

"Vayan a la casa del Señor. Vayan al templo; serán bendecidos por hacerlo. Todo hombre y toda mujer que vaya a la casa del Señor sale de ella siendo mejor de lo que era al entrar. La casa del Señor tendrá un efecto purificador en ustedes; hará que cultiven la generosidad y que aumenten en rectitud. Entenderán cabalmente la importancia de hacer lo que deban. Vayan a la casa del Señor. Entre nosotros no hay edificio tan sagrado como una casa de Dios dedicada. Sólo en los templos de los Santos de los Últimos Días se preservan en una unión indisoluble y por toda la eternidad las preciadas relaciones que se establecen en esta vida terrenal. De entre las muchas cosas de índole doctrinal que diferencian a esta Iglesia de las demás se destaca la obra que se realiza en la casa del Señor bajo la divina autoridad del sacerdocio. Cada templo que hay en el mundo es un monumento visible a la fe de este pueblo en la certeza de la inmortalidad y en la continuación de vínculos sagrados en el reino inmortal."

(Pte. Gordon B. Hinckley, Liahona marzo 2006, págs. 5,6)

lunes, 3 de enero de 2011

“…hijas en mi reino”: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro

"A lo largo de los siglos, muchas personas han muerto sin conocimiento del Evangelio. Algunas de esas personas son sus familiares cercanos o lejanos que están esperando que usted lleve a cabo la investigación necesaria para vincular sus familias y efectuar las ordenanzas salvadoras a favor de ellos. La mayoría de los templos del mundo no están suficientemente ocupados. El Señor ha prometido que los corazones se volverían hacia los padres, para que la tierra no sea totalmente asolada a Su venida. Hay bendiciones personales que se reciben como resultado de participar en la obra del templo y de historia familiar. Una de ellas es el gozo que se siente al servir a los antepasados, y otra es el hecho de que se reúnen los requisitos para recibir la recomendación para el templo, la cual representa tu dignidad ante el Señor. Aquellos que actualmente no sean dignos del privilegio de tener una recomendación deberán estar en contacto con el obispo o presidente de rama para lograrlo lo antes posible. Les ruego que no se priven de tan vital requisito. Testifico que la Expiación es real y que los pecados pueden ser perdonados tras el debido arrepentimiento. Al participar en la obra del templo y de historia familiar, tenemos la certeza de tener el Espíritu para que nos consuele en nuestros desafíos y nos guíe en decisiones importantes."
(Julie B. Beck, Liahona diciembre 2010, pág. 7)
“Y así fue que mi padre Lehi descubrió la genealogía de sus antepasados… Y cuando mi padre vio todas estas cosas, fue lleno del Espíritu… 1 Nefi 5:16-17